Lo que tienes que probar en Córdoba
Salmorejo. No es gazpacho. Es más espeso, más cremoso, sin pepino ni pimiento. Pan, tomate, ajo, aceite de oliva virgen extra y vinagre de Jerez. Se sirve con huevo duro picado y taquitos de jamón ibérico. Es el plato que define Córdoba.
Flamenquín. Un rollo de lomo de cerdo relleno de jamón, empanado y frito. Suena contundente porque lo es. Es una tapa, no un plato principal — pide medio y comparte.
Berenjenas con miel. Berenjenas cortadas finas, fritas y con un chorrito de miel de caña. Dulce y salado juntos. Funciona como aperitivo o como acompañamiento.
Rabo de toro. El plato de invierno. Un guiso de horas de cocción lenta que se deshace con el tenedor. Si vienes entre noviembre y marzo, pídelo.
El vino que no conoces
Córdoba tiene su propia denominación de origen: Montilla-Moriles. El fino de Montilla no necesita encabezamiento como el de Jerez — alcanza sus grados de forma natural. Pide un fino como aperitivo y un Pedro Ximénez con el postre. Los bares de la zona lo sirven de barril.
Después del hammam
Salir de nuestros baños a las ocho de la tarde, con el cuerpo caliente y la mente en calma, y sentarse a cenar a treinta metros de nuestra puerta. Eso es un plan de tarde completo. Muchos clientes nos lo preguntan nada más salir: el hammam abre el apetito y las ganas de prolongar la experiencia.
