Siglo I: Roma llega a Córdoba
Corduba fue una de las ciudades más importantes de la Hispania romana. Capital de la Bética, sede de gobernadores, cuna de Séneca. Y como toda ciudad romana que se preciara, tenía termas. El sistema era claro: frigidarium, tepidarium, caldarium. Agua fría, agua templada, agua caliente. Hornos subterráneos — hipocaustos — calentaban el suelo y las paredes de las salas calientes.
Los restos hallados bajo nuestro edificio en la calle Almanzor corresponden a esa época. No son los restos más espectaculares de la Córdoba romana — ese honor le corresponde al Templo de la calle Claudio Marcelo o al Puente Romano —, pero tienen algo que ninguno de esos monumentos tiene: continuidad. Aquí el agua no dejó de correr.
Siglos VIII-XIII: el hammam árabe
Cuando los árabes llegaron a la Península en el 711, no tuvieron que inventar la cultura del baño. La heredaron de Roma y la perfeccionaron. Mantuvieron la secuencia frío-templado-caliente pero añadieron el vapor, la aromaterapia, el masaje y un sentido del ritual que Roma no tenía. El baño dejó de ser solo higiene para convertirse en cuidado del cuerpo y del espíritu.
Córdoba, como capital del Califato, fue la ciudad donde esa cultura alcanzó su máxima expresión. Las crónicas hablan de 700 baños públicos. El agua era un elemento sagrado — la ablución antes de la oración, la purificación ritual, el placer del baño caliente al final del día. Todo giraba alrededor del agua.
Siglo XV: los baños de la familia Henestrosa
La Reconquista barrió con la mayoría de los hammam cordobeses. Pero en la calle Almanzor, los baños sobrevivieron. Las fuentes documentales recogen la existencia de baños pertenecientes a la familia Henestrosa en este mismo emplazamiento durante el siglo XV. No eran ya baños públicos abiertos a la comunidad — la presión contra las costumbres moriscas lo impedía —, pero el agua seguía corriendo entre estos muros.
1930: las monedas de Don José Araujo
Hacia 1930, Don José Araujo y uno de sus hermanos encontraron un recipiente de hierro fundido lleno de monedas antiguas mientras realizaban sus labores diarias. El padre era arriero del Guadalquivir. Con la venta de aquellas monedas, la familia adquirió la casa de la calle Almanzor 18 — entre otras propiedades —, y con el tiempo las excavaciones del propio edificio confirmaron que bajo aquel suelo había habido baños públicos del siglo XV. El descubrimiento puso en marcha el proceso que décadas después llevaría a recuperar el espacio.
Hoy: el agua sigue corriendo
Cuando entras en los Baños Árabes de Córdoba y sumerges los pies en la piscina caliente, no estás haciendo algo nuevo. Estás repitiendo un gesto que se ha hecho en este mismo lugar durante dos milenios. La tecnología ha cambiado — ya no hay hipocaustos romanos bajo el suelo —, pero la esencia es idéntica: agua caliente, vapor, contraste térmico, descanso.
No es una reconstrucción. No es una tematización. Es la continuidad de algo que esta tierra necesita tanto como el aire.
